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Hacedora de Hogar

Aquel prendió el fueguito y metió unas tiritas en la parrilla. Estaba divino para comer afuera. Por fin corría un poco de aire y había aflojado el calor insoportable del día. Puse los platos, los vasos y agua fría, arme una ensalada y me deje caer en el banco de madera soltando un "Por fin me senté". Aquel que atendía la carne, me miró con ironía en sus ojos y me devolvió un: "Para, ni que hubieses trabajado las 8 horas".


Esa frase me atravesó el pecho con dos lanzas. Una con "la culpa" y otra con "la injusticia".

Por un lado, era cierto que no estaba metiendo las 8 horas, porque después del 13 de marzo del 2020 como les paso a muchos, perdí la fuente de trabajo a la cual había apostado todas mis fichas y por primera vez después de 20 años, no tenia la certeza de una entrada fija.


Me crie con hermanas y madre trabajadoras, independientes económicamente y tambien había visto y vivido como el poder económico de uno, especialmente en una pareja, puede caer en un mezquino control y abuso de poder.

No, para mi tener mi carrera, mi platita y mi libertad económica siempre fue sagrado e innegociable.

Y en ese sentido, me había jurado desde chica, cuando soñaba con ser maestra o azafata, que no iba a caer en esa red de dependencia.


Ojo, que aquel es un compañero de equipo y como siempre nos apoyamos en las buenas y en las malas, y que jamás este ser humano que tanto adoro y admiro, seria capaz de ejercer ese tipo de poder tóxico. Pero una por inercia se defiende, y se prepara, y educamos a nuestras hijas para eso.


Las mujeres destinamos un 20 % de nuestro tiempo a las tareas domesticas, a los cuidados de mayores, niños y enfermos. Y si sumamos todas esas horas juntas esto representaría un 16% del Producto Bruto Interno, según datos brindados por el Banco Mundial 2020 en su informe " Jugar un partido desigual, Diagnostico de Género en Uruguay"


Además de que salir a trabajar, para una mujer madre, generalmente depende de un sistema. De una red que la apoye llamémosle: familia, club, escuela o plata para pagarle a alguien que nos cubra como cuidadoras.

Muchas veces es la carencia de algún aspecto de esta logística la que incide en el desarrollo profesional o en el poder cumplir horarios de trabajo para muchas mujeres, además de que a veces la remuneración no justifica el despliegue.


Pero igualmente la que me dejo trastabillando en la angustia, fue la lanza que me pegó en la realización de la injusticia.

¿Es que a caso estar en casa, atender el hogar, estar, cuidar y atender a los hijos , la vida domestica, si no estas aportando dinero al hogar, ya sea por elección o por que estas desempleada, no cuenta como trabajo, por ende no da derecho ni a pago ni a queja?


Las mujeres hemos conquistado el mercado laboral. Somos las que llenamos las matrículas de las universidades, y hasta nos preparamos más que nuestros compañeros varones porque se nos exige y nos auto exigimos más para poder avanzar en nuestras carreras. Nos proponemos romper techos de cristal y alcanzar de una vez por todas los lugares de decisión tanto en el terreno político como el empresarial y científico, pero no dejemos por el camino la revalorización que se merece nuestro trabajo no remunerado, ese que hacemos 100 por ciento por amor y el que no nos da derecho ni a pago ni a queja.


Hace unos días termine de leer un libro sobre la vida de Gutale, la primera matriarca de la familia Rothschild. Frankfurt 1770, otra era, otra realidad, otra vida, pero en un momento dado, refiere a su rol y lo define como "HOMEMAKER" y si bien la traducción especifica es Ama De Casa o Tareas Domésticas, me gustó ese juego sajón de entenderlo tambien como una HACEDORA DE HOGAR.


Y me acordé de mi madre, que a pesar de ser una devota docente, con orgullo me mostró un día su pasaporte que decía: PROFESION: LABORES.

















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