• Maria Gomensoro

Devolverlos al Sistema

El whatsapp explota de emojis de alegría, alivio y felicidad. En estas horas se esta corriendo como regadero de pólvora entre madres detonadas, la noticia de que abren las escuelas y los colegios. Parece que esta previsto la vuelta a clases para los peques de primaria. 

Estaba segura que ante este titular sería la primera en reaccionar como la madre del vídeo viral, que tira a los nenes literalmente del auto en la vereda del colegio y sale rajando, haciendo chirriar las ruedas contra el pavimento,  por las dudas que alguien se arrepienta,  revoque la medida y tengamos que encarar de nuevo el homeschooling al mismo tiempo que malabareamos entre el tele trabajo, las tareas domésticas y hacer que no se  proclame la tercera guerra mundial en casa. 



Si bien soy de las privilegiadas que “cuarentenaron” con verde, teletrabajo y una pareja al pie del cañón, lejos estamos  de ser la familia Ingalls y la experiencia de educar en casa, especialmente al más chico, me generó bastante estrés y por momentos fue bastante angustiante. Vamos, que por algo los padres no somos sus maestros, y hacer el doble rol nos exige una capacidad elástica de paciencia y control que muchas veces flaquea y más cuando la situación en general nos expone a un cocktail de emociones que nos dejan limados el resto del dia. Soñando con una peli, un vino y un colchón.


Pero no. Hay algo que me frena a estar contenta y emocionada por volver a la Nueva Normalidad y con todo lo que eso implica. ¿Es que te acordas todo lo que eso implica?


Volver al despertador y a las viandas y a las corridas de la mañana. Volver a activar los 40 whatsapps que olvidaste que tenias, cumples, cadenas, Cadena de regalos, bailes, piojos, buzos perdidos, deportes los sábados,  programas obligatorios de invitaciones de amigos para que socialice y no se pierdan nada ni se queden afuera, en fin, se acaba una era, una etapa que hizo que me reencontrar con parte de la forma en la que me crié junto a mis hermanos y mi familia. Un vistazo a  una vida con otros tiempos. En familia y en dulce, amargo, conflictivo y revuelto montón. Donde los primos y los tíos priorizamos que no sacarlos y guardarlos únicamente para que se puedan seguir viendo aunque sea entre ellos. 


Devolverlos al sistema me va a costar. 

Reafirmo  el concepto que este es el punto de vista de una afortunada. Que tiene un hogar que la cuida y no la violenta. Que tiene tiempo y puede dedicarle atención y contención a cada uno de los suyos, estén en el nido o hayan volado. Que cuenta con las herramientas emocionales para contar hasta 20 y no tirarlos por la ventana cuando todo se va al carancho y una situación económica que me deja dormir por las noches y no morir de la angustia.

Ojala todo empiece a marchar pronto por todos aquellos que se están ahogando en esta crisis,  pero no puedo dejar de sentir una especie de anticipada nostalgia por este tipo de vida que pudimos experimentar, porque se que una vez que arranque todo de nuevo, no va a ser posible volver. 




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