Madres de Copas



Salís del trabajo corriendo como siempre con los minutos contados para llegar en hora a buscar a tu hija por la clase de baile, al otro por la psicóloga, meter alguna vueltita e intentar llegar lo antes posible a casa para arrancar con “lo que queda del día”: deberes, viandas, cenas, baños, etc. En el camino paras en un semáforo, justo alado de una estación de servicio y aprovechas para comprar un “vinito”. Una parada más, pero da igual ya que solo con la anticipación de disfrutar de una “copita”, sola o acompañada, te pone contenta o por lo menos, en un lugar más feliz.


¿Te suena?


Lejos de querer hacer una oda al consumo o hacer de esta columna una lección moral, pongo el tema en la mesa porque me di cuenta, entre risas de horror, que yo también pago la cuota del club de Madres de Copas.

¿Es posible que vos también seas parte? Es duro asumirlo, pero es probable que lo hayas sido, lo seas o lo puedas ser. Son muchas las mujeres, madres en todo el mundo que asumen que encarar la maternidad las abruma, las pone en un lugar de soledad y por sienten que “merecen” el reconfortante efecto aliciente de una copa de vino


De hecho, encontré que existen clubes de madres con copas desde Uruguay a Nueva Zelanda. Hay memes y hasta merchandising que festeja la cultura de madres que ejercen la maternidad con una copa de vino en la mano y sitios en la web que celebran la cultura del “Mums Wine O’Clock Time”.

Pero no te apures a juzgar. Hay que entender que la maternidad no siempre es un caramelo dulce y rosa y que todas pasamos o pasaremos por uno de esos momentos donde si podrías te tomarías los vientos por lo menos unos días.




Mas hoy en día que nos pasamos corriendo detrás de una vara invisible que mide la felicidad de nuestros hijos en relación al desempeño que tenemos como padres. Caemos sin saberlo en una red de exigencias autoimpuestas que no hacen más que generarnos culpa y ansiedad.

Tampoco es una cuestión original de nuestra época. En los años 60 los Rolling Stones cantaban un tema que habla justamente de las madres que iban al doctor buscando esa pastillita, Valium, que las llevara por el día bajando la ansiedad que les generaba la tarea de ser mamas: “My Mothers Little Helper”.

Hoy nos damos una ayudita con “vino”.


Para ser totalmente honesta, no encontré ningún informe al respecto en español. En los motores de búsqueda la palabra VINO y MADRE van únicamente asociadas al embarazo y las complicaciones que la ingesta implica en el feto. Sin embargo, en portales informativos y blogs americanos, ingleses y neozelandeses, en particular, hay varios artículos que alertan ante una tendencia que puede ser muy nociva para las mujeres y también para los niños que quedan supeditados al cuidado de adultos que no están en su mejor versión para hacerlo.

Encontré testimonios de madres donde cuentan que de un ida a otro se dieron cuenta que habían desarrollado una adicción a la copita diaria y psicólogos que alertan con que esta cultura de la madre que toma, expone a nuestros hijos a naturalizar el consumo, generando así potenciales víctimas del abuso de alcohol.


¿María, no se te fue la moto?

Como dije no hay que juzgar, ni tampoco pensar que por una copa de vino o dos por semana vas a caer en la tragedia, pero por lo menos sabe que hay que prestarles atención a nuestras conductas. Y mucho más en estos momentos de pandemia, donde las horas no pasan y las familias se ven forzadas a convivir con todo lo lindo y lo feo que eso implica.


Responsabilidad, ante todo.

Besos y Salud.

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